El pueblo al que aburrió la democracia

Según la RAE., Democracia es:

 

 1. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

 2. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

Siendo ésta su definición, deberíamos pararnos a pensar si realmente su puesta en marcha es efectiva, y si lo es, para quién.

Si pensamos en la representación política que tenemos en el Parlamento y/o en el Senado, hay algo que llama mucho la atención en los últimos años; las expresiones “voto útil” o “votaré al menos malo” les suenan, ¿verdad? Son las expresiones más utilizadas por la gran mayoría de votantes de PSOE y PP, de los cuales están cansados pero no son capaces de abandonar. Y yo me pregunto, ¿acaso un voto para el menos malo acaba siendo un voto útil? ¿O, por el contrario, es el acto más inútil en el ejercicio del voto? La respuesta es bastante sencilla. En la política no puede existir el “mejor malo conocido…”, ya que de ello depende el bienestar de toda la población de un país o Estado. ¿Dejaría usted a su hijo a cargo de un vecino negligente, sin arriesgarse a comprobar si el vecino de enfrente está más cualificado? Claramente no. ¿Dejaría el control del departamento de contabilidad de su empresa a un asno, sin comprobar si al menos sabe sumar? Claramente tampoco. ¿Por qué entonces dejamos el poder en manos de partidos y partidarios políticos que sólo miran por sus bolsillos y el de sus familias? ¿Cómo han conseguido anular nuestra capacidad de raciocinio al respecto? Muy sencillo; a la gran masa social española sólo le interesa llegar a casa, encender el televisor y tomarse una cerveza. Se puede cambiar televisor por ordenador o bicicleta, y cerveza por leche de soja o whisky, que da lo mismo. Más allá de las paredes y puertas de sus hogares el mundo exterior ya no existe. La gran mayoría de políticos, nacionales o locales, pueden robarnos día a día sin molestarnos que mientras no pongan su mano dentro de nuestras casas no pasará nada.

Asumimos que la mayoría de los políticos son unos sinvergüenzas (dicho de una persona que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades) y lo serán siempre, y al asumirlo hacemos también que sea imposible el cambio. Pensamos que los políticos que forman los partidos minoritarios o con menos apoyo no tienen la formación necesaria para llevar un país, mientras que los trajeados y bien documentados Socialistas o Populares sí la tienen. Pues si es así, ¿cómo se consigue que en 30 años de democracia, tan ansiada en España, el pueblo se haya aburrido ya de los políticos y la política? Básicamente, por interés propio de la clase política y sus pagadores, ya que un pueblo aburrido de los temas importantes se centrará más en los temas estúpidos de la vida. Esto aparta al propio pueblo de su buen juicio, y abre las puertas al frenesí de la élite, que se ve libre de actuación y decisión. Así, son pocos los que aprovechan la necedad impuesta a unos muchos. Sin embargo, el gobierno tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos. Parece que algo está fallando en la puesta en marcha de esta Democracia.

Al igual que la gente con menos cultura o amor propio quiere salir en la tele para ganarse la vida, hay otro número importante de personas algo más cultas que quieren meterse en política para hacer lo mismo (siempre y cuando no se piense en los demás a los cuales se representa). Así como se permite tener todo el día en la pantalla a personajes como “la princesa del pueblo”, grandes hermanos o pseudo periodistas sabihondos, también se permite tener en el gobierno a personas que no saben inglés o que tienen un Máster en Gestión y Administración de la Mentira. Por desgracia, no sólo ocurre en España, pero nuestro caso es si cabe más desesperanzador. Mientras quieren equipararnos con Europa nos dicen que somos el norte de África. La politizada educación, los altos impuestos o la manipulada información deben estar a la altura de Europa, mientras nuestra escasa industria o el vergonzoso salario mínimo están cerca de ser la mitad del que tienen los mismos países con los que se nos quiere equiparar, si no menos. Porque, si bien es verdad que la crisis actual la estamos sufriendo por la incapacidad del PSOE para hacerla frente, no es menos cierto que el redondeo del euro y el excesivo aumento del precio del suelo lo sufrimos con el PP. Tampoco hay ninguna duda de que ni unos ni otros han hecho nada por tratar de que la industria española se nutriera de nuevos proyectos, más allá del ladrillo o el turismo, verdaderos salvavidas de éste país durante los últimos 50 años. Al menos deberíamos sacar en claro que éstos salvavidas no son suficientes para flotar en semejante crisis. Tampoco deberíamos olvidar que ésta empezó siendo una crisis financiera, que nos llegó de fuera gracias a nuestros queridos bancos, y que el especulado y elevado precio de un bien tan necesario como es la vivienda arrastró a toda la economía hacia una situación de inestabilidad total.

¿Qué hacen nuestros políticos para sacarnos de éste agujero? Simplemente el juego de “ha sido él”. Todos habremos visto alguna vez a los típicos hermanos o amigos que delante de la gente se llevan con dificultad, pero a solas realmente son uña y carne. Pues bien, esos son nuestros políticos. Siempre aparecen insultándose, culpándose o riéndose del otro, pero a la hora de la verdad, como lo es el hecho de subirse el sueldo, van todos a una. Pero no se engañen, si estuvieran en su posición ustedes no lo harían. Lo permitimos porque lo vemos, y como lo vemos seríamos capaces de hacerlo, pero si no lo viéramos hacer no lo haríamos. La clase política lleva dando mal ejemplo desde el gran diluvio universal y es a ella a quien debemos la escasa ética social actual. El buen ejemplo es una virtud que se despedaza con dinero fácil. La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse.

Entre tanta desidia política corremos el riesgo de que en el día de las elecciones acudan a las urnas menos del 50% de la población en edad de votar. Si esto sucediera, ¿qué dirían los políticos o los informativos de noticias? Muy probablemente dieran el resultado por bueno, siempre mejor llevado por los vencedores, claro. ¿Y qué deberíamos sacar en claro nosotros? Que a más de la mitad de la población, o no le convence ninguno de los partidos que se presentan, o no le convence éste tipo de democracia canovista, o simplemente no apoya el sistema político. Teniendo en cuenta las opciones menos revolucionarias, deberíamos al menos empezar por renovar la democracia para luego reorganizar el sistema económico. Para ello sin duda sería necesario un primer paso esencial; formar a una clase política nueva, con buenos valores, e independientes del mundo privado, es decir, sin relaciones laborales anteriores o posteriores que puedan interferir en el buen uso de la herramienta política.

Así probablemente todos ejerceríamos el derecho a voto sin desidia ni pesar, incluso los que no sienten lo mismo en estos días oscuros.

Por último, quería mostrar un par de frases de John Locke, considerado el padre del liberalismo político moderno e inspirador de la Constitución de EEUU:

El necio (o necia) razona de manera incorrecta partiendo de premisas correctas, mientras que el (la) demente razona correctamente a partir de premisas absurdas.

 

Las leyes se hicieron para los hombres[1] y no los hombres para las leyes.

Yo digo, vivamos como locos pero votemos como cuerdos.

                                                                                                                        J.J.Rousseau


[1] En éste caso no voy a insertar la palabra “mujer” para equilibrar la balanza sexista, ya que siendo justos, el hombre ha sido el que ha ejercido el poder desde principios del Neolítico, y por lo tanto, es el principal culpable de todos los males políticos que hemos vivido hasta ahora. Cuando la mujer logre por fin poder ejercer totalmente esa responsabilidad, será juzgada por igual. Hasta entonces, si las leyes, vistas como algo que controla o somete a un individuo para su vida en sociedad, son realmente necesarias, será el hombre el que principalmente deba seguirlas y acatarlas.

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Una respuesta a El pueblo al que aburrió la democracia

  1. Polson dijo:

    Grande YanYaks!!!

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