Mañana de domingo

Madrid, domingo,20 de febrero de 2011.

Domingo. Fría mañana de invierno madrileño, de esas en las que el sol asoma pero no calienta, al contrario del sol naciente símbolo de Sortu, el nuevo partido político de la izquierda abertzale con el que intentan plasmar su cambio político, su punto de inflexión como diría Rufi Etxeberría, uno de los promotores del partido.

A escasos doscientos metros del Congreso de los Diputados, símbolo de muchas cosas, entre otras de la formalización de una ley de partidos que ha sido durante años la guinda del pastel españolista y que ahora, más que nunca, tiene el aspecto de una pasa, se presenta en el Ateneo de Madrid, de una manera oficiosa Sortu.

Entre las paredes empaneladas de maderas hasta el techo, los sillones de granates tapices y los cuadros de cuántos políticos y pensadores pasaron por ahí como Pardo Bazán, Cánovas o Tierno Galván viajamos por unas horas al siglo XIX, a ese periodo de convulsión política, de multipartidismos, de multiidealismos, a esa época en la que los salones de tertulias, los debates y los humos, de todo tipo, campaban  a sus anchas en la escena política para ser espectadores de la historia en el presente.

Entramos en el salón de actos del Ateneo. Al fondo una mesa con cuatro sillas y cuatro ponentes, frente a ellos, una sala a medio llenar y una sola cámara de televisión que apenas permanece 15 minutos: luego todo el mundo opinará con su información.

Presenta Carlo Fabretti, escritor y famoso en estas lides. Le escoltan Rubén, Bea y Arantza.

Y los tres nos van acercando a aquello de lo que no nos enteramos, o no queremos enterarnos, en el Foro y por ende en todo este país tan experto en mirar al otro lado cuando algo no le va bien.

Dicen que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña y en esta ocasión uno no sabe con que parte quedarse porque vinieron estos tres montaraces del norte a traer a la meseta la palabra que aquí tanto cuesta escuchar, seguramente por el tema de la contaminación acústica.

Habló Rubén por Askapena, de sus orígenes y actividades siempre en contacto con otros grupos de solidaridad con los pueblos y grupos de izquierda del mundo fundamentalmente en Centroamérica, Palestina y Europa. Y de cómo, al igual que a otros grupos de solidaridad internacional, se les ha perseguido aquí por ir tejiendo redes de apoyo y colaboración que denuncian la falta de libertades y buscan cauces de expresión a sus reivindicaciones para que lleguen a cuántos más mejor, uno de los cuales es el Acuerdo de Guernika firmado junto a otros grupos de Euskal Herría, para poder llevar a cabo del proyecto independentista desde planteamientos estrictamente democráticos.

Luego Bea, de Etxerat, colectivo de familiares, amigos y gentes que defienden los derechos de los presos políticos vascos, quizá algo más taciturna, seguramente más “quemada” o más curtida por el trabajo que lleva a cabo, nos expuso de manera ejemplarizante las tres grandes líneas de la política de represión carcelaria que lleva a cabo el Estado Español. En primer lugar la política de dispersión, plasmada en los seiscientos (600) kilómetros de media y cinco horas de trayecto de media que hay entre los domicilios de los presos y las cárceles en donde están encerrados, vulnerando la propia legislación, y apuntaría el que suscribe que la propia Constitución del ’78. Con lo que además se ataca también a las familias al crearlas obstáculos para visitar a sus hijos, hermanos, progenitores, parejas,… Y todo esto, por no hablar de los regímenes de visitas orientados por supuesto a hacer que el preso se sienta más solo y aislado, la represión a los abogados, dificultades para estudiar y más lindezas del estilo. En segundo lugar, la cadena perpetua de facto, recordándonos que en la inmensa mayoría de países de la civilizada Europa se entiende que se produce la cadena perpetua a los veinte años de estancia en una prisión dado el deterioro físico y psíquico que sufre la persona, pero que aquí al contrario que en las democracia avanzadas lo que se ha hecho es endurecer los periodos máximos de permanencia de treinta a cuarenta años y modificar el Código Penal siempre en el sentido del endurecimiento hasta llegar a la llamada Doctrina Parot. Y en tercer lugar, de los presos enfermos, que aun a pesar de tener derecho a cumplir la condena en su casa se les priva de tal derecho (y por qué no decirlo, y esto va de mi parte, también se les priva de una muerte digna) al obligarles a firmar una carta de su puño y letra renunciando a sus ideas y convicciones más profundas –ayyyy, Torquemada qué grande fuiste y qué grande tu poso-. Etxerat también apuesta por el cambio, y por el reconocimiento de todas las víctimas que ha ocasionado (como los más de 7.000 torturados o 30.000 detenidos en los últimos 30 años), y sigue haciéndolo, el llamado “problema vasco”, por lo que suscribe el Acuerdo de Guernika.

Por último Arantza, representante de la izquierda abertzale y profe de la UPV, nos explicó que el Acuerdo de Guernika se sitúa en el debate de la izquierda abertzale. Un debate que ha durado más de un año y en el que han participado miles de personas de pueblos y barrios en condiciones muy difíciles, de clandestinidad y que concluyó con el documento Zutik Euskal Herria en donde se define qué hacer para cambiar la situación política, afirmando el agotamiento del Estado de las Autonomías y apostando por la independencia. Haciendo hincapié en que “la situación de bloqueo perjudica a la izquierda abertzale con lo que hay que hacerse con una estrategia eficaz que será el Proceso Democrático, pretendiendo un escenario en el que todos los proyectos puedan ser defendibles, incluido un Estado Vasco Independiente”. Siendo el único garante de este proceso la Voluntad Popular haciendo que el Estado Español tenga que reconocer al Pueblo Vasco, y que así se defina el modelo que se quiere, bien autonómico, bien, centralista, bien independiente, bien federalista… o cualquier otro.

Destaca Arantza que, a diferencia de Lizarra, cabe destacar que ahora la izquierda abertzale ha decidido mayoritariamente que esta estrategia es la que se va a seguir. En el Proceso Democrático se plantean unos mínimos, es decir, que todos puedan trabajar en condiciones mínimas iguales. Así como un acuerdo democrático entre todas las fuerzas para aclarar cuál será el escenario de actuación, basado en el reconocimiento de Euskal Herria como nación y en la voluntad popular.

Para alcanzar tales fines el Acuerdo de Guernika recoge cuatro puntos básicos, a saber:

  1. Declaración de ETA de un Alto el fuego verificable.
  2. Reconocimiento de los derechos civiles y políticos a todas y todos.
  3. Desaparición de amenazas a todas y todos.
  4. Cambio de la política penitenciaria.

Asimismo otro aspecto a desarrollar será cómo llevar a cabo la formalización de ese respeto de la Voluntad Popular, a través del establecimiento de una mesa de negociación con todas las fuerzas políticas, llevándose a cabo un acuerdo incluyente y un reconocimiento y reparación de todas las víctimas del conflicto político.

Para concluir hizo referencia a que no contemplan ahora mismo otro escenario que no sea la legalización para así poder seguir trabajando.

En fin, que la mañana del domingo unos van a misa y otros a escuchar a la gente de Sortu, a ver si el sol ese que tienen en el emblema termina de salir del todo.

MAX BJÖRK

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