Libia espera

Libia sigue esperando. Y desangrándose, poco a poco. Mientras tanto, la UE, que en este asunto pretende liderar a la comunidad internacional, se entretiene en sutilezas diplomáticas que no alivian en absoluto la situación. 

En este caso, el debate se ha centrado en el reconocimiento o no del Consejo Nacional de Transición Libio (CNTL) como interlocutor en representación legítima del pueblo libio, reconocimiento que va en contra de la “Doctrina Estrada”, que reconoce Estados, no Gobiernos, y que hasta ahora ha seguido la UE. Hasta ahora, pues ayer, la UE, tras el órdago de Francia y Reino Unido, se vio obligada a reconsiderar esta doctrina y confirmar como interlocutor válido (aunque no el único) al CNTL, algo que Francia y Reino Unido ya habían hecho por sorpresa, y en contra de los deseos de los demás socios comunitarios. 

Y tras horas de reunión entre los 27 parece que no se ha decidido nada más, sólo explotar “todas las opciones necesarias”. Y es que la Unión Europea se borra de la escena cada vez que el asunto es relevante. 

Otra medida que paren haber tomado es el endurecimiento de las medidas económicas contra el régimen de Gadafi, al que ya habían congelado sus activos en el extranjero. En este caso, han sido los activos de las empresas libias, como la Libyan Investment Authority, entre otras, con la pretensión de asfixiar al régimen cuanto antes. No obstante, Gadafi parece no verse afectado por esta decisión, pues se dice que tiene fondos líquidos de sobra para permanecer en su cargo y mantener a sus tropas y mercenarios, lo que le ofrece una ventaja considerable sobre los rebeldes, carentes de fondos y armamento adecuado, y que continúan muriendo bajo unas bombas que no diferencian entre objetivos militares o civiles. 

Pues bien, ya que estas medidas son claramente insuficientes, va siendo hora de movilizarse y tomar otras más duras. Y ante esta perspectiva, la UE se caga de miedo, y con cierta razón. Sobre todo a tenor de su pasado colonial. 

Esto se debe a que la próxima medida a tomar es la implantación de una zona de exclusión aérea, lo que supondría la previa eliminación de las defensas aéreas libias. En definitiva, la operación dejaría de ser diplomática  y civil para convertirse en militar. Y no está el horno para bollos en las relaciones entre el mundo árabe y occidente, que teme dar alas a todos aquellos que ven esta situación como una invasión o un ataque al mundo árabe o islámico, empeorando situaciones ya de por sí complicadas, como son los escenarios en Irak y Afganistán. Así están las cosas. Europa prefiere mirarse el ombligo (o la cartera) en lugar de levantar la vista hacia el sufrimiento ajeno. 

En este contexto, el único modo de que la implantación de la zona de exclusión aérea se lleve a cabo, es con el apoyo de la ONU y de la Liga Árabe, con el fin de otorgar legitimidad al asunto. 

No obstante, el Consejo de Seguridad de la ONU no hará tal cosa. Al menos por el momento, pues se oponen Rusia y China, miembros permanentes del Consejo y con derecho a veto. En el caso de Rusia, ésta ve como los que antes consumían petróleo y gas libios, se ven ahora atraídos por la seguridad del abastecimiento ruso, lo que le está generando grandes beneficios. En el caso de China su negativa se ve motivada por los intereses comerciales en Libia, relacionados principalmente con la industria petrolera, la construcción y las telecomunicaciones. Además, China no acostumbra a “inmiscuirse” en los asuntos de otros Estados, y menos para promover una democracia que no desea para sí. Esto complica mucho la aprobación por parte de la ONU, que de llevarse a cabo, supondrá una dura negociación con ambos países, que algo pedirán a cambio. Veremos quién paga. 

En el caso de la Liga Árabe, su apoyo ha quedado ya explícito, aunque con algunas reservas debido a la oposición de Argelia y Siria, que algunas fuentes sitúan detrás del abastecimiento de armas y mercenarios para el régimen de Gadafi. No obstante, la presión de EEUU sobre sus socios árabes ha surtido efecto, a lo que hay que sumar el activo papel de Egipto a la hora de condenar al régimen libio. 

No obstante, mientras los líderes occidentales y árabes dialogaban en salas repletas de lujos y en una burbuja de seguridad, Libia seguía desangrándose en una guerra civil en la que se usa armamento europeo y ruso, comprado igualmente con un dinero europeo. Dinero que no volverá a fluir hasta que se decida la partida. Y puesto que ya se ha retirado el apoyo a Gadafi, no queda más remedio que la partida se decida favorablemente a los rebeldes. La cuestión es cuándo y cómo, y sobre todo, cuándo y cómo acudirá la UE en apoyo de éstos. Si no nos damos prisa, cuando llegue el apoyo, ya no habrá nada que apoyar. 

Así, el escenario es dantesco. Europa no termina de funcionar en la escena internacional. La ONU sirve ya para muy poco en un mundo globalizado, donde los intereses comerciales y financieros mandan sobre los Gobiernos y los Estados. La liga Árabe casi se eterniza antes de tomar una decisión. Y mientras tanto, los conflictos los pagan los que menos tienen y menos pueden protegerse. ¿Alguien propone una solución? 

                                                                                                                                 MARCEL

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