La izquierda frente a Libia

Algunos sectores de la izquierda, la mayoría, se han vuelto vacilantes, dubitativos, escasos de ideas.

En este caso ha sido la crisis en Libia la que ha puesto tal situación de manifiesto.

En primer lugar ha sido Izquierda Unida la que ha decidido, como era de suponer, no apoyar la intervención militar en Libia, a pesar de que lleva el beneplácito del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (lo que no es mucho, dicho sea de paso), y de que su finalidad sea la protección de los civiles libios de unos ataques perpetrados por su propio gobierno (desde hace tiempo, claramente ilegítimo).

No obstante, la posición mantenida por la federación de izquierdas no es muy constructiva que digamos. Ya que te opones a una intervención militar, lo más adecuado es que ofrezcas una solución propia y distinta, que sea efectiva e inmediata. En este caso, esto se traduciría en cualquier clase de medida que proporcione, del modo más rápido posible, protección a los civiles libios de los ataque del ejército de Gadafi, como así de sus seguidores.

Pues bien, hasta donde yo sé, esto último no se ha producido. No obstante, lo que sí han hecho desde la federación ha sido vanagloriarse de las anteriores críticas hechas por ellos a las políticas represoras del líder libio. Como si eso generase, per se, una solución.

De un modo similar se han pronunciado las diferentes agrupaciones, asociaciones, partidos o fundaciones de izquierdas (y con esto excluyo al PSOE, al que no considero de izquierdas, como es lógico), condenando los ataques, pero sin proponer alguna medida nueva contra el régimen de Gadafi y que, a su vez, impida que éste masacre a los rebeldes.

En algunos casos se mencionan bloqueos relativos a las cuentas del dictador, o embargos de armamento. Pero ninguna de las dos cosas impediría una masacre. Entonces, ¿qué hacer? Pues ante esta pregunta, la mayoría de las formaciones de izquierdas se queda muda. Sólo alguna se atreve a ser revolucionaria en sus planteamientos al reivindicar el derecho de los rebeldes (o revolucionarios, más bien) a estar armados, y mantener su propia agenda revolucionaria. ¡Por fin alguien con criterio!

Así pues, me hubiera gustado escuchar, por parte de la izquierda, alguna medida concreta para apoyar la democracia en Libia hoy, y a todos aquellos que la defienden con sus propias vidas. Estoy de acuerdo con la afirmación que dice que esto se parece más a una lucha por los recursos naturales que a una intervención en apoyo de la democracia, pero quedarse de brazos cruzados no era una opción. La izquierda debe mantener su propia agenda revolucionaria, pero más cerca de la acción que de la pancarta. Esta es la hora de apoyar la democracia, y no sólo en Libia. Bahrein, Siria, Yemen y Palestina son los siguientes. Debemos ponernos manos a la obra.

                                                                                                                           MARCEL

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